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Así están regados estos tesoros literarios de escritores en Medellín

Foto: El Colombiano Foto: El Colombiano

Elegir un libro, haberlo leído, guardado o abandonado habla también sobre la persona que está detrás. Hay obras que llegan para compartir la existencia o complementar la propia, y son aquellos títulos sobre la mesa de noche o en el estante los que pueden llegar a determinar parte de una historia de vida: de lo que se dijo o de lo que significó un entendimiento más profundo de sí mismo.

Y regalarle ese fragmento de vida a alguien más o, mejor aún, incluirlo en ese cúmulo de obras que están disponibles para la población de una ciudad, es un acto de desprendimiento y entrega. Un interés porque ese conjunto de letras llegue a tocar a alguien más.

Las bibliotecas han sido las encargadas de recibir, como representantes y guardianas, ese conjunto inmenso de piezas que han sido parte de la vida de un escritor o un intelectual de la ciudad o el país. Entre ellas ejemplares de primeras ediciones, libros en otros idiomas, cartas y curiosidades que hablan a su manera.

“Las colecciones patrimoniales conservan documentos que hacen parte de la memoria de las sociedades y los documentos que nos entregan a la Sala permiten saber qué y cómo se leía, gustos, tendencias y su entorno”, dice María Isabel Duarte, coordinadora Sala de Patrimonio Documental de la Biblioteca Luis Echavarría Villegas de la Universidad Eafit.

“Así mismo, son fuentes para la investigación, tanto para nuevas preguntas como para encontrar respuestas –continúa–. “Permiten crear conocimiento, transmitir valores y creencias, desarrollar la curiosidad y el placer de leer, de conocer más sobre nosotros mismos”.

Por otro lado, estos espacios deben velar por esos documentos que representaron un saber específico o la descripción histórica o periodística de una ciudad en un momento específico en la historia.

Este es un rastreo para saber dónde viven esos libros en Medellín, los mismos que pasaron por las manos de diversos autores, esas que decidieron guardarlos y después regalarlos a otros para que hoy cualquiera los pueda consultar.

Biblioteca Pública Piloto

Entre sus paredes están libros que le pertenecieron a hombres como el abogado Juan José Molina, quien vivió en el siglo XIX y se preocupó por entender su época, así que recopiló panfletos, edictos y mensajes cotidianos: los folletos misceláneos que ayudan a entender un momento. También están los libros que le pertenecían a Tomás Cadavid Restrepo (1896), intelectual colombiano quien tenía entre sus 270 libros elementos de lingüística e historia. Carlos E. Restrepo, presidente en 1910, recopiló a lo largo de su vida folletines académicos que ahora son elementos de carácter histórico. Se guardan 19 archivos personales de figuras como Nicanor Restrepo, Héctor Abad Gómez, el médico antioqueño Alonso Restrepo Moreno, el poeta sonsoneño Gregorio Gutiérrez González, la defensora de los derechos de las mujeres Inés Tobón de Viana, Alfonso López Michelsen y Alfonso López Pumarejo.

Otro de sus orgullos es tener entre sus documentos preciados esos que les pertenecieron a los frailes franciscanos que fueron parte fundamental de la fundación de la institución. 186 documentos están en ese grupo, “pero probablemente se trataba de una biblioteca mucho mayor”, según asegura José Luis Arboleda, coordinador de las colecciones patrimoniales. “Eran aproximadamente unos 5.000, pero como la universidad era del estado, era tomada muchas veces y así su biblioteca sufría”. Este tipo de piezas datan de entre 1700 y 1850, pero el más antiguo es de 1612. De acuerdo con Arboleda, existe una alta posibilidad de que el legado de la maestra María Teresa Uribe entre a hacer parte de las colecciones de la biblioteca de la Universidad de Antioquia.

Biblioteca Carlos Gaviria Díaz (Universidad de Antioquia)

Uno de los orgullos es la colección personal que le donó el expresidente Belisario Betancur con el motivo de los 70 años de la institución en 2006. Él fue egresado de esa universidad y en agradecimiento entregó cientos de sus libros personales. Fueron alrededor de 10.000 títulos y 13.600 ejemplares, pero el número sigue creciendo porque la familia del político ha decidido donar más tras su muerte. Alrededor de 4.300 títulos están en la colección patrimonial y el resto ya hace parte de la biblioteca. Entre esas obras la más antigua es Del Origen y Principio de la Lengua Castellana y Romance y data de 1606 y aún hoy está en excelentes condiciones. 

Para los gomosos de la literatura en español están disponibles 36 ediciones diferentes del Quijote, entre réplicas y originales, “porque esa era su obra favorita”, cuenta Paola Vélez, encargada de la colección del expresidente en la Bolivariana. Hay 79 ediciones facsimilares como el de obras de Isabel La Católica, textos sobre descubrimiento y Conquista como el Tratado de Tordesillas y el primer diario de navegación de Colón. Este grupo lo conforman revistas como La Gaceta Literaria, Bolívar y Prometeo y hasta objetos como el micrófono que usó Juan Pablo II en su visita a Colombia cuando Betancur era dirigente de la nación. Los documentos de esta colección tienen restricción de consulta, pero están abiertos al público.

Biblioteca Central Monseñor Darío Múnera Vélez (UPB)

Guarda en su acervo libros y documentos que datan del siglo XVI hasta llegar al día de hoy y abarcan decenas de áreas del conocimiento entre las que hay literatura antioqueña, colombiana, latinoamericana y universal. Colecciones como las de Pilar Moreno de Ángel, Francisco Castrillón Gutiérrez y Raúl Aguilar Rodas han llegado desde la creación de la Sala Patrimonial en 2002. “Muchos entregan sus bibliotecas porque no tienen espacio en sus hogares, porque están convencidos que los libros están mejor en bibliotecas universitarias o públicas donde puedan ser consultados por investigadores, estudiantes y aquellas personas curiosas e inquietas que quieren conocer más sobre temas, personajes, épocas, saberes”, dice María Isabel Duarte, coordinadora de la Sala Patrimonial.

¿Cómo se aseguran de preservarlo de la mejor manera posible?

“Hacemos limpieza permanente del material y los muebles, tenemos un taller donde se hacen trabajos de reparación y encuadernación, no permitimos la fotocopia del material, no hay acceso a los estantes ni préstamo por fuera de la Sala”.

Una de las particularidades de la Biblioteca de Eafit es que tiene una enorme cantidad de partituras en su colección patrimonial, pues se ha dedicado a tener un repositorio sólido de creación musical.

Artistas, compositores y melómanos como Gonzalo Rivera, Jorge Lalinde Gómez, Roberto Ughetti Aguilar y Juan Fernando Molina también decidieron donar fragmentos de su historia, pero en este caso se trata de memoria musical.

Fuente: https://www.elcolombiano.com/cultura/literatura/libros-de-escritores-e-intelectuales-en-bibliotecas-de-medellin-AB10442983

 

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