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La economía familiar hay que llevarla en el bolsillo

El libro Lecciones Financieras de Mamá ofrece importantes enseñanzas sobre la economía familiar. El libro Lecciones Financieras de Mamá ofrece importantes enseñanzas sobre la economía familiar.

El libro Lecciones financieras de mamá aborda la importancia de entender la economía familiar.

Han comenzado a estallar importantes eventos para la economía mundial. Son las noticias de todos los días. El precio del petróleo, la caída de las bolsas, la sensación de que ni en Europa ni en Estados Unidos la reactivación es un hecho contundente, la incertidumbre que genera la caída de las acciones de importantes bancos, y por supuesto, China, que viene despeñando sus índices de crecimiento.

Como ocurrió en el 2008, la mirada se desplaza hacia un crítico factor personal: que los deudores no puedan pagar sus obligaciones. Y ahí, en ese germen de inquietud, todos esos sucesos de la macroeconomía se vuelven una cuestión de bolsillos. De los bolsillos suyos y del mío. De nuestra economía propia, individual, familiar.

Es claro que no necesitamos que se levanten frente a nosotros esas noticias de espanto que amenazan transmutar la promesa de una globalización benéfica para todos, convirtiéndola en una pesadilla colectiva, para reflexionar en la forma como manejamos el dinero. Mucho o poco. Simplemente nuestro dinero. Aquel que conseguimos con trabajo arduo y que determina nuestro nivel de vida y el que podemos brindar a nuestros hijos, educándolos en no ser esclavos sino dueños de un recurso que es cuestión de vida o muerte en este sistema económico.

El valor de la economía familiar

Escribí Lecciones Financieras de Mamá, una breve novela que tiene “mensaje”, como destacó Gustavo Álvarez Gardeazábal, para llamar la atención sobre unas pautas de manejo económico que una madre se ve obligada a implantar, cuando se queda sola al frente de su familia que conforman sus dos hijos y su madre. Corresponde a una época en la que la mujer estaba asomándose a un mercado de contadas oportunidades laborales y todavía no se había instituido como un hecho social y económico la categoría de Madres Cabeza de Familia.

Así que esta mamá, que en el libro se conoce como Doña Pili, debe en primer lugar reconocer la situación en que se encuentra. Asumirla. Interiorizarla. No puede esconderse en el autoengaño del pasado y mucho menos disfrazar la emergencia con recursos prestados que tarde o temprano terminarán ahogándola.

Implementa una herramienta que debería ser una obligación personal y familiar: llevar un presupuesto. Lo básico: ingresos y egresos. Ese instrumento le ofrece un panorama de su situación económica. Lo combina con un manejo estricto del calendario, porque sabe que en lo que tiene que ver con las deudas por pagar, un retraso lleva a la picota.

Y eso que entonces no se vivía la revolución digital que permite bloquear instantáneamente a una persona y malograrle su historia financiera.

La mamá, que no tiene otra fuente de ingresos que su trabajo –con la paradoja de desempeñarse como cajera de una empresa--, y unas muy pocas aleatorias y recursivas entradas, sabe que la lección fundamental que debe dar a sus hijos es el ejemplo. Y este se emplaza en la austeridad. Como señalaba hace poco un artículo en Portafolio, es “la importancia de la mesura y el autocontrol en el gasto… Abusar de las tarjetas de crédito y el sobreendeudamiento genera estrés y es un mal ejemplo para los niños”.

Con el paso del tiempo, pero a edades tempranas, Doña Pili entiende que sus hijos no pueden ser extranjeros en la vida económica. Así que desde las vacaciones, comienza a procurar que tengan ocupaciones y asuman la experiencia de ganarse un ingreso. Los fundamentos no pueden ser más claros: entender desde muy jóvenes el valor del trabajo (el más humilde, el más elemental) y saber que deben administrar su propio dinero.

La historia, que por supuesto, no se puede contar toda aquí, concluye de una manera positiva para la mamá y para sus hijos. Pero ojo: el manejo económico es una cuestión de formación de carácter, está relacionada con el sentido del compromiso y el rigor de la palabra dada, una forma de concebir y vivir la vida, que es en nuestros tiempos un gran azar.

La realidad de gastar y gastar

Hoy se han multiplicado las formas de educación financiera, abarcando incluso temas médicos como la oniomanía o la adicción a las compras. En este último aspecto, el profesor Hersh Shefrin ha profundizado en la teoría según la cual, la tendencia al gasto es casi un ADN. Lo cual, y simplemente, dispararía las alarmas sobre la necesidad de autocontrol.

Hay quienes sostienen que cualquier educación financiera en la edad adulta, es simple paliativo y no sustituye comportamientos arraigados en hogares que para bien o para mal, no desarrollaron adecuados hábitos de la economía familiar.

Los recursos para implementar un control sobre nuestros gastos incluyen en estos días aplicaciones y tutoriales que muchas veces parecen no complementar sino reemplazar nuestra disciplina pecuniaria. No hay que dejarse engañar. Tampoco podemos perder de vista que el control primigenio es aquel que tenemos sobre nuestro bolsillo. Si al día sacamos la billetera con ligereza y demasiadas veces, bien de la mano del efectivo o de la tarjeta de crédito (que merece en sí misma una educación pertinente), la suma de minucias terminará con nuestra bolsa. Y, ¿por qué no?, con nuestra vida.

Dónde conseguir el libro

Lecciones Financieras de Mamá, de Carlos Gustavo Álvarez G., es una publicación de UniEdiciones. Se consigue en Librería Ibáñez (Calle 12B No. 7 12, en Bogotá) y en la Librería Nacional, en las principales ciudades del país. El lunes 14 de marzo, en la Biblioteca de Los Fundadores del Gimnasio Moderno, Ricardo Ávila (Director de Portafolio) y Carlos Gustavo Álvarez G. sostendrán una conversación sobre la economía familiar y los aportes del libro en ese sentido.

Carlos Gustavo Álvarez G
Especial para EL TIEMPO

Fuente:

http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/educacion/consejos-para-mejorar-la-economia-familiar/16531408

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