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Cinco lecciones de Lego para la vida cotidiana

Cinco lecciones de Lego para la vida cotidiana

En algún momento, quizá, alguien nos dijo que ya estábamos muy grandes para jugar, que dejáramos los juguetes a un lado, que era tiempo de madurar. No todos escucharon la voz. Algunos rebeldes siguen jugando con videojuegos, muñecos o bloques de Lego.

Estos últimos son usados por el interventor creativo Edgar Montaño para que adultos, jóvenes y niños aprendan a conocerse y a trabajar en equipo. “Allí nos entendemos. Ponemos reglas y llegamos a acuerdos y si esto lo combinas con ciencia y educación podemos inducir el proceso educativo en cualquier nivel”.

Él ya lleva dos años inculcando el trabajo en equipo en Medellín con fichas de Lego.

Su metodología le ha dejado varias lecciones.

Escuchar para reflexionar y acordar

Los humanos podemos hablar y exponer nuestro punto de vista, pero pocos nos detenemos a escuchar. Lo hacemos para dar una respuesta inmediata, para contestar como acto reflejo. Armar algo en equipo es posible solo si reflexionamos y prestamos atención. Si escuchamos la propuesta del otro, la sumamos a la nuestra y llegamos a un acuerdo.

Mirarnos en nuestro interior

Jugar puede enfrentarnos con nosotros. Lo que se hace con las fichas es un autorretrato, “independiente de lo que se fabrique, en cada obra, por pequeña que sea, se refleja el ser”. El ejemplo que da es construir una nave, dejándose llevar por los gustos: la música, las películas que ve, la ropa que usa. La nave será un reflejo de sí mismo, que permitirá mirar desde afuera lo que se es.

Verse y encontrarse en el otro

Al jugar con otra persona descubrimos cosas que nos identifican. Las experiencias acercan y se convierten en sinónimo de la vida en sociedad, por lo que ayudan a descubrir herramientas sociales. El candidato a magíster en neurociencias de la U. Nal, Luis Carlos Ramírez, explica que “el juego es fundamental para desarrollar habilidades y competencias adultas. Nos permite regular emociones”.

Una ayuda extra para entendernos

Fabricar algo con alguien crea tejidos de relación. “Platón ya lo decía: en una hora de juego conoces más a una persona que en un año de conversación. Se tocan temas tan profundos que sales de la experiencia siendo amigo de tu compañero de juego”, dice Edgar. Cuando hay discusiones lo que sucede es que cada uno se para en su mundo. Lo que hace el juego es explicar esos mundos diferentes para comprendernos. Implica dialogar y llegar a acuerdos, tan necesarios en tiempos de disonancias.

Encender de nuevo la creatividad

Por naturaleza somos creativos, sin embargo, “esto se va perdiendo por las normas y reglas que pone el sistema”. Armando una figura el ser humano es independiente y retorna su ingenio, lo que más adelante le ayuda a salir de su zona de confort.

Fuente: http://www.elcolombiano.com/tendencias/cinco-lecciones-de-lego-para-la-vida-cotidiana-IK6905208

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